Sobre el edificio


HISTORIA:

 

Este edificio, proyectado y dirigido por el arquitecto Vázquez Molezún, ubicado en la calle del Escultor Capuz, está situado en un barrio de viviendas de tipo medio, integrándose en este entorno y adaptándose a la medianera por medio de la torre, de la misma altura que el edificio de al lado, y de ladrillo visto, trabajado con gran maestría en su trama original.
El exterior denota ya la singularidad de su misión, pero es el interior, con mucho, lo más original y característico.
La planta es rectangular y consta de una gran nave principal separada por pilares circulares, de las naves laterales; la de la derecha, de menor altura, y la izquierda sirve de paso y como posible aumento de capacidad del templo.
Hay tres zonas perfectamente definidas dentro de la nave principal. La primera, a la entrada, para los días de poca afluencia. la segunda zona corresponde al presbiterio ocupando todo el ancho de la nave y una profundidad de 5 metros, acusándose la zona del altar con aumento de altura de techo a 18 metros y aumento del nivel del suelo sobre el que se sitúa el altar, recibiendo a su vez una fuerte iluminación cenital.
La tercera zona ocupa el resto de la nave, siendo la de mayor capacidad. la altura de techo disminuye a 5 metros.
Los paramentos interiores son del mismo ladrillo, que el exterior.
La iluminación natural se logra mediante una larga vidriera horizontal situada a la derecha de la nave, realizada con hormigón y vidrio en tonos marrones y ocres. Está diseñada por Suárez Molezún y tiene una gran calidad. la iluminación del presbiterio se consigue, a través de la torre situada en su parte superior.
Sobre un estrado cuadrangular, con dos gradas de mármol blanco, se sitúa el original altar; un bloque macizo de hormigón y de planta cuadrada que permite celebrar desde los cuatros lados.
Se ha dado gran importancia a la sede, situada a la izquierda del presbiterio, colocada entre dos pilares y adosada a un gran panel de hormigón, en el que se ha colocado una gran imagen de Jesús Maestro, obra de Amadeo Gabino, de bronce fundido, de gran originalidad plástica. Hay también una tribuna acristalada para visitar el Sagrario sin abrir el templo y facilitar la asistencia a madres con niños pequeños.
Por el acertado juego de volúmenes interiores y el cuidado diseño de todos los detalles y los materiales, se convierte este templo en uno de los más notables de la ciudad por no decir el que más, dentro de la arquitectura religiosa actual, resultando de gran sobriedad y armonía.